Encuentro de catequesis — Lecturas bíblicas
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Envía Señor tu Espíritu y serán creadas todas las cosas,
y renovarás la faz de la tierra.
Oremos.
Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles
con luz del Espíritu Santo:
danos gustar lo recto según el mismo Espíritu,
y gozar siempre de sus consuelos.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Contexto: La Biblia comienza con el relato de la creación. Antes de la aparición de la luz, describe la tierra informe y oscura, y menciona al espíritu de Dios sobre las aguas.
«Al principio creó Dios el cielo y la tierra. [...] el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas».
Contexto: Nicodemo, un dirigente judío, visita a Jesús de noche. Su conversación plantea qué significa nacer de nuevo para entrar en el Reino de Dios.
Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío.
Este fue donde Jesús de noche y le dijo:
«Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él».
Jesús le respondió:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios».
Nicodemo le dijo:
«¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?».
Jesús respondió:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Lo nacido de la carne es carne; lo nacido del Espíritu es espíritu.
No te asombres de que te haya dicho: “Tienen que nacer de nuevo”.
El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu. »
Contexto: Antes de su partida, Jesús prepara a sus discípulos para seguir viviendo sin su presencia visible y les promete la compañía del Espíritu de la verdad.
Jesús dice a sus discípulos:
«Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad».
Contexto: En el mismo discurso de despedida, Jesús explica cómo el Espíritu Santo acompañará a sus discípulos cuando él ya no esté con ellos de manera visible.
Jesús les promete:
«El Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo».
También les anuncia que el Espíritu les recordará lo que él les ha dicho.
Contexto: Los discípulos se entristecen al saber que Jesús vuelve al Padre. Él les explica que su partida está unida a la venida del Paráclito.
Al despedirse de sus discípulos, Jesús les explica por qué se va al Padre:
«Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito».
Y les promete que, cuando se vaya, se lo enviará.
Contexto: Después de ver a Jesús orar, un discípulo le pide que les enseñe a hacerlo. Jesús les muestra cómo dirigirse al Padre y los anima a pedir con perseverancia.
Y aconteció que, estando él orando en un lugar, cuando acabó, uno de sus discípulos le dijo:
«Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos».
Y les dijo:
«Cuando oréis, decid:
Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Sea hecha tu voluntad,
como en el cielo, así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Y perdónanos nuestros pecados,
porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.
Y no nos metas en tentación,
mas líbranos del mal».
Les dijo también:
«¿Quién de vosotros tendrá un amigo, e irá a él a medianoche y le dirá: “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de camino y no tengo qué ponerle delante”; y el de dentro, respondiendo, dijere: “No me seas molesto; la puerta está ya cerrada y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme y darte”?
Os digo que, aunque no se levante a darle por ser su amigo, ciertamente por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite.
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.
¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? »
Contexto: Tras la ascensión de Jesús, sus seguidores permanecen reunidos. En Pentecostés reciben el Espíritu Santo y personas de distintos pueblos los oyen hablar de las maravillas de Dios.
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que corría, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados.
Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
Y fueron todos llenos del Espíritu Santo , y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.
Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
Y estaban atónitos y maravillados, diciendo:
«¿No son galileos todos estos que hablan?
¿Cómo, pues, los oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?
Partos y medos y elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y Capadocia, en el Ponto y en Asia,
en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. »